Fra Angelico

El fraile que pintaba la luz.
Fra Angelico fue fraile dominico en Florencia y pintó frescos en las celdas del convento de San Marco. Sus imágenes unen una quietud piadosa con el nuevo espacio del Renacimiento.
Fra Angelico se llamaba originalmente Guido di Pietro y nació hacia 1395 en el valle del Mugello, al norte de Florencia. Ya trabajaba como pintor antes de ingresar, hacia 1420, en el convento dominico de Fiesole. Allí tomó el nombre de Fra Giovanni. El nombre de Angelico, «el angélico», lo recibió después de su muerte.
En la década de 1430 se convirtió en un solicitado pintor de retablos. La Anunciación de Cortona y otra similar en el Prado de Madrid figuran entre las más conocidas. Otras obras importantes son la Coronación de la Virgen del Louvre y un gran tabernáculo para el gremio de los linaioli, los comerciantes de lino, de Florencia. Sus imágenes unen el oro y los colores claros del gótico con la nueva perspectiva y las figuras más corpóreas introducidas por Masaccio.
Cuando los dominicos se hicieron cargo del convento de San Marco de Florencia en 1436, Cosme de Médici costeó su reforma. Fra Angelico y sus ayudantes pintaron en los años siguientes frescos en los pasillos y en las celdas de los frailes. Cada celda recibió una imagen sencilla, casi siempre de la vida de Cristo, destinada a la oración y la meditación del fraile. La Anunciación de lo alto de la escalera es la más célebre. Las imágenes son serenas y casi vacías, de colores claros y luz suave. El convento es hoy un museo.
Fra Angelico fue llamado a Roma por el papa y pintó, entre otras cosas, una capilla en el Vaticano para Nicolás V, con escenas de la vida de san Esteban y san Lorenzo. Durante un tiempo dirigió también el convento de Fiesole como prior. Murió en Roma en 1455 y está enterrado en la iglesia de Santa Maria sopra Minerva.
Muy pronto ganó fama de piadoso y humilde, y en 1982 fue beatificado por el papa Juan Pablo II. Hoy es el patrón de los artistas. Su arte demuestra que las nuevas técnicas del Renacimiento podían ponerse al servicio de una pintura íntima y espiritual.