Artemisia Gentileschi

Artemisia Gentileschi
Artemisia Gentileschi, Public domain

La enérgica narradora del Barroco.

Artemisia Gentileschi fue la primera mujer en la academia de arte de Florencia. Sus imágenes de mujeres fuertes como Judit son dramáticas e intensas.

Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593. Su padre, Orazio Gentileschi, era un pintor de éxito muy influido por Caravaggio. Su madre murió cuando Artemisia tenía doce años. No recibió una formación reglada, pero aprendió a pintar en el taller paterno y pronto mostró una gran destreza. Su primera obra firmada, Susana y los viejos, de 1610, la pintó a los diecisiete años.

En 1611 fue violada por el pintor Agostino Tassi, que trabajaba con su padre. Orazio llevó el caso a los tribunales, y se conservan las actas del juicio de 1612. Durante el proceso, Artemisia fue sometida a tortura con empulgueras para comprobar su credibilidad. Tassi fue condenado, pero la pena nunca se cumplió. Poco después del juicio se casó con un pintor florentino y se trasladó a Florencia.

En Florencia contó con el apoyo del gran duque Cosme II de Médici y mantuvo correspondencia con Galileo Galilei. En 1616 se convirtió en la primera mujer admitida como miembro de la academia de arte de la ciudad. Allí pintó Judit decapitando a Holofernes, hoy en los Uffizi. Judit y su criada sujetan al general con brazos vigorosos mientras la sangre brota a chorros. El tema era frecuente, pero pocos lo habían pintado con semejante fuerza física. El cuadro se ha interpretado a menudo a la luz de su propia experiencia, pero los investigadores advierten contra leer toda su obra como autobiografía.

Más tarde trabajó en Roma, en Venecia y, desde 1630, en Nápoles, donde dirigió su propio taller. Hacia 1638 viajó a Londres para trabajar con su padre en la corte de Carlos I. Allí se encuentra su Autorretrato como alegoría de la Pintura, en el que se representa a sí misma trabajando. Tuvo varios hijos, pero solo una hija llegó a la edad adulta. Murió en Nápoles, probablemente hacia 1654-1656.

Tras su muerte cayó prácticamente en el olvido. Fue redescubierta a comienzos del siglo XX y, desde la década de 1970, se ha convertido en una figura central de la historia del arte feminista. Hoy se la considera una de las caravaggistas más importantes del Barroco.