Itō Jakuchū

El pintor de los animales fantásticos.
Itō Jakuchū regentó una tienda de verduras antes de dedicarse a la pintura. Sus gallos, peces y flores están pintados con una precisión casi irreal.
Itō Jakuchū nació en 1716 en Kioto. Era el hijo mayor de un mayorista de verduras del mercado de Nishiki y se hizo cargo del negocio familiar cuando murió su padre. Según las fuentes, no le interesaban demasiado los negocios. En cambio, le fascinaban profundamente la pintura y el budismo zen. En 1755, a los cuarenta años aproximadamente, cedió el negocio a su hermano para dedicarse por completo al arte.
Jakuchū estudió primero la pintura de la escuela Kanō, pero se cansó de limitarse a copiar. Tuvo acceso a pinturas chinas en el templo zen Shōkoku-ji y las copió, pero comprendió que lo esencial era estudiar la realidad. Criaba gallos y gallinas en su jardín y los observó durante años para poder pintarlos.
Su obra principal es El colorido reino de los seres vivos, una serie de 30 grandes rollos colgantes que pintó durante unos diez años a partir de finales de la década de 1750. Aparecen gallos, pavos reales, peces, insectos, flores y nieve, pintados con los pigmentos más caros y con una precisión casi irreal. Donó la serie al Shōkoku-ji. En 1889 pasó a la Casa Imperial y hoy se encuentra en las colecciones imperiales de Tokio, declarada tesoro nacional.
Realizó también audaces pinturas a tinta y experimentos, entre ellos biombos en los que los animales están construidos con miles de pequeñas casillas, como una especie de mosaico. En 1788 un gran incendio en Kioto destruyó su casa, y pasó sus últimos años cerca de un templo al sur de la ciudad. Murió en 1800.
Jakuchū estuvo mucho tiempo bastante olvidado, pero desde una gran exposición en Kioto en el año 2000 se ha convertido en uno de los artistas más populares de Japón, con largas colas en cada exposición. Su mezcla de observación exacta, colores intensos y fantasía atrae al público moderno.