Anthony van Dyck

Anthony van Dyck
Anthony van Dyck, Public domain

El retratista de la aristocracia.

Van Dyck fue el discípulo más destacado de Rubens y llegó a ser pintor de corte de Carlos I de Inglaterra. Fijó por mucho tiempo la imagen del noble elegante.

Anton van Dyck nació el 22 de marzo de 1599 en Amberes. Su padre era un acaudalado comerciante de sedas. Con solo diez años entró como aprendiz con un pintor, y muy joven ya era un artista independiente. Hacia 1618 trabajaba como ayudante en el taller de Rubens, y Rubens lo llamaba su mejor discípulo. Van Dyck tomó mucho de Rubens, pero desarrolló un estilo propio, más refinado y nervioso.

Tras una breve estancia en Londres, en 1621 viajó a Italia, donde permaneció seis años. Estudió a fondo a Tiziano y vivió sobre todo en Génova, donde retrató a los aristócratas de la ciudad. El retrato de la marquesa Elena Grimaldi, hoy en Washington, muestra a una mujer alta y esbelta vestida de negro bajo una sombrilla roja que sostiene un criado. En Sicilia visitó a la anciana pintora Sofonisba Anguissola y la dibujó.

Tras unos años en Amberes, en 1632 se trasladó a Londres y se convirtió en pintor de corte de Carlos I, que lo nombró caballero. Allí creó sus retratos más célebres. Carlos I de caza, en el Louvre, muestra al rey a pie en un paisaje, relajado pero majestuoso. Los retratos ecuestres lo presentan como un soberano a la manera antigua. Van Dyck pintó también un triple retrato del rey, de frente y de ambos perfiles, que se envió a Bernini en Roma como modelo para un busto.

Los retratos de Van Dyck son elegantes y halagadores. Los modelos tienen manos largas y finas, sedas relucientes y un aplomo despreocupado. Él mismo era conocido por su estilo de vida elegante. En 1640 se casó con Mary Ruthven, una dama de la corte. Murió en Londres en diciembre de 1641, con solo 42 años, y fue enterrado en la antigua catedral de San Pablo.

Fijó la imagen de la aristocracia inglesa durante más de un siglo. Gainsborough y Reynolds continuaron su estilo. La perilla puntiaguda que llevaba Carlos I se sigue llamando «barba a lo Van Dyck».