La Edad Media de los emperadores – arte carolingio, otoniano y románico

De la capilla de Carlomagno en Aquisgrán a las enormes catedrales del Rin: el arte alemán nació al servicio de emperadores y obispos.

Cuando Carlomagno fue coronado emperador en Roma en el año 800, quiso hacer renacer el Imperio romano al norte de los Alpes. En Aquisgrán mandó construir una capilla palatina con columnas traídas de Italia. En la corte se copiaban e iluminaban suntuosos evangeliarios. El arte debía demostrar que el rey de los francos era el heredero de los antiguos emperadores y el protector de la Iglesia. El reino seguía siendo una tierra de bosques, campos y pequeñas poblaciones. Los edificios de piedra eran escasos, y precisamente por eso la capilla del emperador causó tan honda impresión en sus contemporáneos.

Bajo los emperadores otonianos, a partir de mediados del siglo X, los obispos y los monasterios se convirtieron en los grandes comitentes del arte. La cruz de Gero de Colonia es la escultura monumental de un crucifijo más antigua que se conserva al norte de los Alpes. En Reichenau, en el lago de Constanza, se pintaban miniaturas con fondo de oro y figuras grandes y solemnes. En Hildesheim, el obispo Bernward mandó fundir unas puertas de bronce con escenas de la Biblia. Muchas de estas obras las encargaban los propios emperadores como donaciones a la Iglesia. Así, el arte se convirtió en un medio para unir fe, poder y memoria.

Después del año 1000 surgieron a lo largo del Rin las catedrales románicas de Espira, Maguncia y Worms. Los muros gruesos, los arcos de medio punto y las imponentes torres les daban el aspecto de fortalezas de Dios. Al mismo tiempo, la orfebrería alcanzó su apogeo. Nicolás de Verdún realizó el altar de esmaltes de Klosterneuburg, cerca de Viena, e inició el Relicario de los Reyes Magos de Colonia. Hacia el final del periodo empezaron a llegar desde Francia las primeras formas góticas. Pero en Alemania se mantuvo durante mucho tiempo el pesado estilo románico.