El cambio de siglo – Secesión y Jugendstil

Jóvenes artistas rompieron con las academias, y en Viena, Múnich y Berlín nació un arte nuevo en el que el oro, el ornamento y las emociones se fundían.

Hacia 1890, muchos jóvenes artistas de los países de lengua alemana se habían cansado de las academias y del gusto de las grandes exposiciones. En Múnich se separaron y fundaron en 1892 una secesión, es decir, una escisión. Viena siguió en 1897 y Berlín en 1898. En Viena, Gustav Klimt se convirtió en el líder del nuevo movimiento, y la asociación obtuvo un edificio de exposiciones propio con una cúpula de hojas de laurel doradas. Allí se mostraba arte moderno de toda Europa, también de Escandinavia. El movimiento se extendió rápidamente a otras ciudades.

El nuevo estilo se llamó Jugendstil por la revista muniquesa Jugend, que empezó a publicarse en 1896. En Austria se hablaba de estilo Secesión. Líneas ondulantes, formas vegetales y figuras femeninas estilizadas llenaban carteles, muebles, joyas y fachadas. Los artistas querían unir el arte y la vida cotidiana y convertir en obra de arte todo, desde una taza de té hasta una casa entera. En Darmstadt se construyó una colonia de artistas sobre una colina, y en Viena se fundó en 1903 la Wiener Werkstätte para crear objetos útiles y bellos. Era un estilo que quería ser nuevo en todo.

Al mismo tiempo surgió en Berlín una pintura impresionista alemana en torno a Max Liebermann, Lovis Corinth y Max Slevogt. Käthe Kollwitz retrató la miseria de los obreros en grabados de intenso patetismo social. En el pueblo de Worpswede, cerca de Bremen, Paula Modersohn-Becker pintaba imágenes sencillas y contundentes que anunciaban el expresionismo. Edvard Munch y August Strindberg residieron en Berlín, y el arte nórdico ejerció allí una gran influencia. El cambio de siglo fue una época de refinamiento y, a la vez, de inquietud ante el nuevo siglo.