La posguerra y el accionismo vienés

Tras la época nazi y la guerra, Austria se reconstruyó mirando hacia atrás. Contra ese silencio se alzaron los realistas fantásticos, los pintores abstractos en torno a la Galerie nächst St. Stephan y, por último, los accionistas vieneses, que hicieron del cuerpo una obra de arte y de la provocación un método.

Durante los siete años en que formó parte de la Alemania nazi, Austria perdió buena parte de su mundo artístico por la persecución, el exilio y el asesinato. Tras la liberación en 1945 el país se dividió en cuatro zonas de ocupación, y la cultura oficial buscó volver a la época anterior a 1938, al Barroco y a Klimt. Los artistas jóvenes se reunieron desde 1947 en el Art-Club y buscaron el contacto con la pintura moderna internacional.

Surgieron dos corrientes. Los realistas fantásticos, Ernst Fuchs, Rudolf Hausner, Arik Brauer, Wolfgang Hutter y Anton Lehmden, pintaron imágenes oníricas y minuciosas con la técnica de los maestros antiguos. En torno a la Galerie nächst St. Stephan, que dirigía el sacerdote Otto Mauer, se reunieron en cambio pintores abstractos como Arnulf Rainer, Josef Mikl, Wolfgang Hollegha y Markus Prachensky. Friedensreich Hundertwasser arremetió contra la línea recta y la arquitectura moderna.

En la década de 1960 algunos artistas fueron más lejos que nadie en Europa. Hermann Nitsch, Otto Muehl, Günter Brus y Rudolf Schwarzkogler realizaron acciones con cuerpos, sangre, pintura y comida, como crítica de una sociedad que consideraban hipócrita, católica y autoritaria. Los accionistas vieneses fueron detenidos y condenados varias veces. Al mismo tiempo, VALIE EXPORT utilizó su propio cuerpo para examinar la mirada sobre la mujer.