Los Países Bajos austriacos

Durante el siglo XVIII, los Países Bajos meridionales fueron una provincia tranquila del imperio de los Habsburgo. El arte siguió vivo en iglesias, academias y oficios artesanos, hasta que la Revolución francesa y el neoclasicismo transformaron el país.

Tras la guerra de Sucesión española, los Países Bajos meridionales pasaron en 1714 a Austria. El país era próspero, pero carecía de los grandes comitentes de antaño, y Amberes seguía aislada del mar. Los artistas trabajaban a la sombra de Rubens, y la pintura se mantenía fiel a la tradición flamenca con retablos, retratos y decoraciones.

El arte más original se encontraba en las iglesias. Los púlpitos tallados en roble, en los que paisajes enteros, árboles y figuras crecen en torno a la cátedra, se convirtieron en una especialidad flamenca. El escultor Laurent Delvaux, nacido en Gante y activo después en Nivelles, había trabajado en Londres y Roma y dio a la escultura una nueva elegancia clásica, y Pieter Jozef Verhaghen, en Lovaina, fue uno de los últimos grandes pintores barrocos flamencos.

Hacia finales de siglo llegó el neoclasicismo, con la Place Royale de Bruselas y el palacio de Laeken. Tras las revoluciones de Brabante y de Lieja, Francia se anexionó el país en 1795 y muchas obras de arte fueron llevadas a París. Durante el Reino Unido de los Países Bajos, después de 1815, Jacques-Louis David vivió exiliado en Bruselas y tuvo discípulos como François-Joseph Navez.