Expresionismo y surrealismo

Entre dos ocupaciones, los expresionistas flamencos pintaron campesinos y pescadores con colores pesados y terrosos, mientras que en Bruselas René Magritte y Paul Delvaux hicieron del surrealismo una imagen del mundo cotidiano vuelto de pronto extraño.

La Primera Guerra Mundial dejó huellas profundas. Gran parte del país estuvo ocupada durante cuatro años, y Flandes Occidental se convirtió en campo de batalla. Varios artistas pasaron los años de guerra exiliados en los Países Bajos o en Inglaterra, y allí conocieron nuevas corrientes. A su regreso, Constant Permeke, Gustave De Smet y Frits Van den Berghe formaron el núcleo del expresionismo flamenco, con formas grandes y sencillas e imágenes de la vida rural y del mar.

En Bruselas y Amberes hubo al mismo tiempo un arte abstracto breve pero intenso, con Victor Servranckx, Jozef Peeters y Georges Vantongerloo, que participó en la fundación de De Stijl en los Países Bajos. Galerías y revistas vinculaban a Bélgica con París, Berlín y Ámsterdam.

El surrealismo belga surgió en torno al poeta Paul Nougé y al pintor René Magritte. Magritte pintaba objetos corrientes –una pipa, una manzana, un sombrero– con un estilo minucioso, casi publicitario, pero los situaba en contextos que llevan al espectador a dudar de lo que significan las imágenes y las palabras. Paul Delvaux llenó ciudades nocturnas y estaciones de tren de mujeres desnudas con aire de sonámbulas. En Henao se formó un grupo surrealista propio de orientación más política.