El arte contemporáneo
Un tiburón en formol, una cama sin hacer y un ángel de acero convirtieron el arte contemporáneo británico en un asunto mundial, y la Tate Modern pasó a ser uno de los museos más visitados del planeta.
En 1988, el joven estudiante de arte Damien Hirst organizó la exposición Freeze en un almacén vacío de la zona portuaria de Londres. Allí empezó la oleada de artistas que acabaría conociéndose como Young British Artists. Trabajaban con animales muertos, vaciados, objetos personales y temas impactantes, y sabían servirse de los medios de comunicación. Con el apoyo del coleccionista Charles Saatchi se hicieron famosos en todo el mundo. La exposición Sensation en la Royal Academy en 1997 fue a la vez un éxito y un escándalo.
En el siglo XXI, el arte contemporáneo adquirió una nueva posición en Gran Bretaña. La Tate Modern abrió en el año 2000 en una antigua central eléctrica junto al Támesis y se convirtió enseguida en uno de los museos más visitados del mundo. Obras públicas como el Angel of the North de Antony Gormley y las exposiciones rotativas del cuarto pedestal de Trafalgar Square hicieron del arte parte de la vida cotidiana. El Premio Turner se debatía cada año en periódicos y televisión, y el artista callejero Banksy se convirtió en un nombre mundial.
En las últimas décadas, nuevas voces se han abierto paso. Artistas negros británicos como Chris Ofili, Steve McQueen, Lubaina Himid y Sonia Boyce han recibido los máximos galardones. Las cuestiones del colonialismo, la identidad y la clase han pasado a ser centrales, y se han cuestionado y derribado estatuas de traficantes de esclavos. Los colectivos de artistas, el cine y el arte participativo se han hecho más frecuentes. Al mismo tiempo, los recortes, el Brexit y la pandemia han sacudido la vida artística y han planteado nuevas preguntas sobre para quién es el arte.