Prehistoria y arte ibérico
De los bisontes de Altamira a las damas ibéricas de piedra: el arte más antiguo de la península ibérica.
España conserva algunas de las pinturas rupestres más antiguas y conocidas del mundo. En Altamira, en Cantabria, un techo está cubierto de bisontes en rojo y negro pintados hace más de 14 000 años. Los artistas aprovecharon las irregularidades de la roca para dar volumen a los animales. En los alrededores hay una veintena de cuevas más con pinturas, y en El Castillo un disco rojo se ha datado en al menos 40 800 años. Por eso la cornisa cantábrica es una de las regiones más importantes de Europa para el arte de la Edad del Hielo.
Tras la glaciación, el mundo de las imágenes cambió. A lo largo de la costa mediterránea se pintaron figuras pequeñas y llenas de vida bajo abrigos rocosos: cazadores con arcos, mujeres que danzan y una persona que trepa para recoger miel silvestre. Al mismo tiempo, los agricultores empezaron a levantar enormes sepulcros megalíticos, como el de Menga en Antequera. Durante la Edad del Cobre y la del Bronce surgieron poblados fortificados en el sureste, y en las Baleares se construyeron torres de grandes bloques de piedra, los llamados talayots. El arte quedó más ligado a las tumbas, el poder y la comunidad.
Durante el último milenio antes de nuestra era llegaron a las costas mercaderes fenicios y griegos. Trajeron consigo nuevas técnicas y modelos, y los pueblos íberos autóctonos crearon una escultura propia. La Dama de Elche, un busto femenino de piedra caliza con grandes adornos en forma de rueda junto a las orejas, es su obra más famosa. Cuando los romanos desembarcaron en Emporion en el 218 a. C. comenzó una nueva época, pero el arte ibérico perduró durante siglos.