La democracia y el arte contemporáneo
De las noches libres de la Movida al Guggenheim de Bilbao: un país que en pocas décadas se convirtió en uno de los grandes escenarios del arte contemporáneo.
Tras la muerte de Franco en 1975, España se convirtió en una democracia. La censura desapareció y la vida cultural estalló. En Madrid surgió la Movida, un movimiento de música, cine, fotografía, moda y pintura, cuyo nombre más conocido es Pedro Almodóvar. La feria de arte ARCO comenzó en 1982, y el Estado creó nuevos museos. El Museo Reina Sofía de Madrid se convirtió en el gran museo de arte moderno del país, y allí llegó el Guernica de Picasso en 1992. El arte asumió un nuevo papel en una sociedad libre.
En las décadas de 1980 y 1990, cada región tuvo sus museos de arte contemporáneo, como el IVAM en Valencia y el MACBA en Barcelona. El Museo Guggenheim de Bilbao, diseñado por Frank Gehry e inaugurado en 1997, causó sensación en todo el mundo. El edificio demostró cómo la arquitectura y el arte podían transformar una ciudad entera. Al mismo tiempo, los arquitectos españoles obtuvieron reconocimiento internacional, y Rafael Moneo proyectó, entre otros, el Moderna Museet de Estocolmo. Los museos se convirtieron en símbolos de la España moderna.
Hoy, los artistas españoles contemporáneos trabajan en todo el mundo. Miquel Barceló ha renovado la pintura y la cerámica, y Jaume Plensa ha realizado grandes esculturas públicas en varios países. Juan Muñoz y Cristina Iglesias crearon espacios y figuras enigmáticos. Otros artistas trabajan con fotografía, vídeo y arte político. Las cuestiones de la memoria histórica, la migración, el género y la identidad regional marcan el arte, y varias obras polémicas han suscitado un gran debate. El arte refleja un país en rápida transformación.