CoBrA y los experimentos de posguerra
Tras la guerra, CoBrA pintó como pintan los niños, la Expo 58 mostró el futuro y Broodthaers convirtió el propio arte en una pregunta.
Tras la liberación de 1945, los artistas jóvenes quisieron empezar de cero. La guerra había mostrado adónde podían conducir la razón y el orden, y buscaron en cambio la espontaneidad, el juego y la fantasía. En 1948, artistas daneses, belgas y neerlandeses fundaron el grupo CoBrA, cuyo nombre procede de Copenhague, Bruselas y Ámsterdam. Karel Appel, Constant y Corneille pintaban con colores intensos y figuras infantiles. El grupo duró solo tres años, pero se convirtió en uno de los movimientos artísticos europeos más importantes de la posguerra. Sus imágenes provocaban tanto risas como indignación.
Bajo la dirección de Willem Sandberg, el Stedelijk Museum de Ámsterdam se convirtió en uno de los museos más abiertos del mundo al arte contemporáneo, y el Moderna Museet de Estocolmo colaboró estrechamente con él. En Bélgica, la Exposición Universal de Bruselas, la Expo 58, expresó una fe optimista en la técnica y el progreso, con el Atomium como símbolo. En la década de 1960 llegaron el grupo Nul, el arte cinético y el arte pop. Los artistas querían eliminar lo personal y trabajar con la luz, el movimiento y la repetición. Muchos de ellos colaboraron por encima de las fronteras, sobre todo con el grupo alemán Zero.
Hacia finales de la década de 1960, el arte se convirtió cada vez más en una cuestión de ideas. El belga Marcel Broodthaers organizó exposiciones sobre el propio museo, y artistas conceptuales neerlandeses como Jan Dibbets y Stanley Brouwn trabajaron con la fotografía, los mapas y los paseos. Bas Jan Ader realizó obras poéticas sobre la caída y la desaparición. Al mismo tiempo, arquitectos neerlandeses como Aldo van Eyck construían para las personas más que para las máquinas. El arte y la sociedad se debatían abiertamente como nunca antes. La política cultural neerlandesa fue en aquellos años una de las más generosas del mundo.