La vanguardia rusa
En pocos años, los artistas rusos pasaron de los iconos y el arte popular a la abstracción pura. El cuadrado negro de Malévich, la torre de Tatlin y los carteles de los constructivistas convirtieron Moscú y Petrogrado en el taller experimental del arte.
Hacia 1910, jóvenes artistas de Moscú se agruparon bajo nombres provocadores como Sota de Diamantes y La Cola del Asno. Mijaíl Lariónov y Natalia Goncharova mezclaron el modernismo francés con iconos, xilografías populares y rótulos, y crearon un neoprimitivismo propio. Vasili Kandinsky, que trabajaba en Múnich, pintó algunas de las primeras imágenes abstractas.
En la exposición 0,10 de Petrogrado, en diciembre de 1915, Kazimir Malévich presentó su Cuadrado negro en lo alto de una esquina, donde en un hogar ruso se colgaba el icono. Llamó al nuevo arte suprematismo: formas geométricas puras que flotan en un espacio blanco. En la misma exposición, Vladímir Tatlin mostró relieves de madera, metal y vidrio que se extendían en el espacio.
Tras la revolución de 1917, la vanguardia desempeñó durante un tiempo un papel destacado en la política cultural del nuevo Estado. Los constructivistas Alexandr Ródchenko, Varvara Stepánova, Liubov Popova y El Lissitzky querían que el arte construyera la nueva sociedad mediante carteles, tejidos, libros, arquitectura y cine. A finales de la década de 1920 el Estado fue asumiendo cada vez más control, y en 1932 se disolvieron todos los grupos de artistas independientes.