Pedro el Grande y San Petersburgo

Pedro el Grande orientó Rusia hacia Europa y construyó una nueva capital junto al Báltico. Se fundó la Academia de Bellas Artes, floreció el retrato, y los palacios barrocos de Rastrelli y las columnatas del neoclasicismo dieron su rostro a la ciudad.

Pedro el Grande viajó por Europa en 1697–1698 y regresó con la voluntad de modernizarlo todo, desde la flota hasta la indumentaria. En 1703 fundó San Petersburgo en la desembocadura del Nevá, en tierras conquistadas a Suecia, y trasladó allí la capital. Arquitectos extranjeros como Domenico Trezzini y, más tarde, Bartolomeo Rastrelli construyeron la ciudad.

El arte se secularizó. Retratos, palacios y parques sustituyeron al icono como forma artística principal, y se envió a pintores rusos a Europa para que aprendieran. La emperatriz Isabel encargó a Rastrelli el Palacio de Invierno y el palacio de Tsárskoye Seló, en un suntuoso barroco de blanco, oro y turquesa.

Con Catalina la Grande llegó el neoclasicismo. La emperatriz compró colecciones enteras de arte occidental, base del Hermitage, y la Academia de Bellas Artes, fundada en 1757, formó a pintores, escultores y arquitectos. Fiódor Rokotov, Dmitri Levitski y Vladímir Borovikovski hicieron del retrato el gran arte del siglo XVIII ruso.