El cielo y las nubes

El cielo es el mayor de todos los motivos, pero también el más difícil de captar: no tiene forma y las nubes cambian sin cesar. En el arte, el cielo ha sido a la vez la morada de Dios y un campo de observación científica. Lo seguimos desde las cúpulas estrelladas y los techos abiertos del Barroco, pasando por los estudios de nubes de Constable, la luz de Turner y los cielos vacíos de Friedrich, hasta la enigmática luz diurna de Magritte y las nubes estilizadas de China y Japón.