Balthasar Neumann

Balthasar Neumann empezó como fundidor de campanas y llegó a ser uno de los grandes arquitectos del Barroco. Sus escaleras de Wurzburgo y Brühl y la iglesia de Vierzehnheiligen unen una estructura audaz con luz y movimiento.
Balthasar Neumann nació en 1687 en Eger, en Bohemia, la actual Cheb, en Chequia. Aprendió a fundir campanas y cañones y llegó en 1711 a Wurzburgo como oficial. Allí entró al servicio de la artillería del príncipe-obispo y estudió matemáticas, fortificación y arquitectura. Participó en campañas militares y viajó a Italia y Austria. El príncipe-obispo Johann Philipp Franz von Schönborn vio su talento y en 1720 le encargó construir una nueva residencia, aunque todavía no había construido nada de envergadura.
La Residencia de Wurzburgo se convirtió en la obra de su vida. La escalera, cubierta por una bóveda sin apoyos intermedios, y el fresco de Tiepolo la convierten en uno de los grandes espacios del Barroco. Neumann proyectó también las escaleras de los palacios de Brühl y Bruchsal y una larga serie de iglesias. Vierzehnheiligen, en Franconia, comenzada en 1743, tiene una planta de espacios ovalados que se funden unos con otros, y Neresheim, en Wurtemberg, tiene una gran cúpula central. También construyó puentes, conducciones de agua y planes urbanos en Wurzburgo, y fue profesor de arquitectura en la universidad.
Neumann murió en Wurzburgo en 1753 y fue enterrado en la Marienkapelle. Está considerado el arquitecto más importante del Barroco y el Rococó del sur de Alemania, y sus edificios muestran cómo la geometría, la estructura y la luz podían unirse en espacios de intenso movimiento. Su manera de trabajar con óvalos e intersecciones influyó en arquitectos de toda Europa central. La Residencia de Wurzburgo y el palacio de Augustusburg en Brühl son patrimonio mundial. Su retrato figuraba en el billete alemán de cincuenta marcos, señal del alto prestigio del que goza en Alemania.