Olof Tempelman

Olof Tempelman
Unknown authorUnknown author, Public domain

Tempelman proyectó el pabellón de Gustavo III en Haga y varias iglesias y edificios públicos en un neoclasicismo riguroso. Fue profesor en la Academia de Bellas Artes e influyó en toda una generación de arquitectos suecos.

Olof Tempelman nació en 1745 en Estocolmo. Se formó en la Academia de Bellas Artes, donde la enseñanza de la arquitectura se basaba en la teoría clásica, los órdenes y ejercicios de dibujo según modelos franceses. Perteneció a la generación que creció cuando el neoclasicismo sustituía al rococó y que obtuvo sus encargos durante el reinado de Gustavo III, cuando el interés del rey por el arte, el teatro y la Antigüedad abrió nuevas posibilidades a los arquitectos. Tempelman trabajó pronto en encargos para la corte y para instituciones estatales. Fue profesor en la Academia de Bellas Artes y más tarde catedrático, y con su enseñanza desempeñó un papel central en la forma en que los jóvenes arquitectos suecos aprendieron el oficio en torno a 1800.

La obra más conocida de Tempelman es el pabellón de Gustavo III en el parque de Haga, construido a partir de 1787 con un sobrio exterior revocado en un neoclasicismo riguroso. El interior, con sus célebres salas de inspiración pompeyana, fue obra de Louis Masreliez. Junto con el arquitecto y escenógrafo francés Louis Jean Desprez trabajó en el Linnéanum, el gran invernadero del Jardín Botánico de Upsala, iniciado en 1787. También proyectó iglesias y edificios públicos por todo el país. Su lenguaje formal es sencillo y claro: fachadas de revoco liso, volúmenes nítidos, columnas y frontones usados con mesura, en el espíritu del neoclasicismo gustaviano, cuyo ideal era la serenidad antigua.

Tempelman murió en 1816. Su importancia reside menos en unos pocos edificios famosos que en su papel como profesor y transmisor del neoclasicismo. A través de la Academia de Bellas Artes transmitió los principios de simetría, proporción y contención a una generación de arquitectos que trabajó en las primeras décadas del siglo XIX, cuando el neoclasicismo pervivió en Suecia bajo el nombre de estilo imperio. El pabellón de Gustavo III se considera hoy uno de los mejores ejemplos de arquitectura gustaviana y forma parte del parque de Haga, integrado en el Parque Nacional Urbano de Estocolmo. Su estilo sencillo y elegante se ha visto a menudo como una aportación sueca al neoclasicismo europeo, y volvió a servir de modelo en el clasicismo nórdico de los años veinte del siglo XX.