Templo de Apolo Epicuro

Templo de Apolo Epicuro, Basas, Arcadia
Mark Landon (photographed in 1982; digitized in 2021), CC0

En lo alto de las montañas de Arcadia se alza un templo dórico insólito en varios aspectos. Es largo y estrecho, está orientado al norte y tiene una puerta en el lado largo. En su interior se encontraba la columna corintia más antigua que se conoce, y hoy el templo está protegido por una gran carpa.

El templo fue consagrado a Apolo Epicuro, Apolo el auxiliador, por los habitantes de la cercana ciudad de Figalia. Según el viajero Pausanias, que escribió en el siglo II d. C., agradecían así al dios su ayuda contra una peste, y el templo fue proyectado por Ictino, el mismo arquitecto del Partenón. La datación es discutida, pero casi todo indica que se construyó en la segunda mitad del siglo V a. C. Se levantó en una piedra caliza gris local, mientras que algunos detalles y esculturas se hicieron en mármol. Su emplazamiento, a unos 1100 metros sobre el nivel del mar, hizo que la obra fuera muy trabajosa.

Por fuera, el templo es dórico, con seis columnas en los lados cortos y quince en los largos, es decir, más alargado de lo habitual. Además está orientado al norte en lugar de al este, quizá por el terreno o por un santuario anterior. En la cella hay una puerta lateral en el muro largo oriental, que tal vez dejaba entrar la luz de la mañana hacia la imagen de culto. A lo largo de los muros se alzaban semicolumnas jónicas sobre muretes, y al fondo una columna exenta con capitel corintio, la más antigua que conocemos. En el interior corría un friso de mármol con combates entre griegos y amazonas y entre lapitas y centauros.

En Europa el templo cayó en el olvido hasta que un arquitecto francés lo encontró en 1765. En 1812 un grupo de viajeros ingleses y alemanes se llevó el friso, que desde 1815 se encuentra en el British Museum de Londres. El capitel corintio se ha perdido y solo se conoce por dibujos. El templo fue el primer lugar de Grecia declarado Patrimonio de la Humanidad, en 1986. Desde 1987 está cubierto por una carpa que lo protege de la intemperie y de las heladas mientras continúa la restauración. La combinación de dórico, jónico y corintio en un mismo edificio ha convertido a Basas en un lugar clave para entender los órdenes clásicos.