Museo Judío de Berlín

Museo Judío de Berlín, Kreuzberg, Berlín
Stan Hema Agentur, Public domain

El museo de Libeskind es un edificio en zigzag revestido de zinc, con ventanas que atraviesan la fachada como heridas. En el interior hay vacíos a los que no se puede acceder, un signo de lo que se perdió en el Holocausto. El edificio ya contaba una historia antes de que el museo se llenara de objetos.

En 1988-1989, Berlín convocó un concurso para una ampliación del Museo de Berlín destinada al departamento judío, que ganó Daniel Libeskind, entonces casi desconocido. Las obras duraron de 1992 a 1999. El edificio se mostró al público vacío, y muchos opinaron que hablaba con fuerza incluso sin exposiciones. El museo abrió con exposiciones en 2001.

Al nuevo edificio se llega por un pasaje subterráneo desde el antiguo edificio barroco, el Kollegienhaus. Bajo tierra se cruzan tres ejes: el eje de la continuidad, el eje del exilio y el eje del Holocausto. El eje del exilio conduce a un jardín con 49 pilares de hormigón inclinados, y el eje del Holocausto a una torre oscura y vacía. La planta del edificio tiene la forma de un rayo quebrado, y la atraviesa una serie de vacíos, voids, a los que no se puede acceder. Las fachadas están revestidas de zinc, y las ventanas son estrechas hendiduras en distintas direcciones.

El Museo Judío se ha convertido en uno de los museos más visitados de Berlín. Consagró a Libeskind como arquitecto de reconocimiento internacional, y más tarde ganó el concurso para el plan director del World Trade Center de Nueva York. El edificio ha influido en la manera en que los memoriales y los museos pueden usar la arquitectura para narrar.