Basílica de la abadía de Ottobeuren

Basílica de la abadía de Ottobeuren, Ottobeuren, Baviera
Diego Delso, CC BY-SA 4.0

La abadía benedictina de Ottobeuren celebró su milenario con una de las mayores iglesias del rococó. Johann Michael Fischer proyectó un espacio luminoso en el que frescos, estucos y escultura se funden. La iglesia es un ejemplo de cómo el rococó del sur de Alemania convirtió el interior del templo en un cielo.

La abadía se fundó en 764 y es una de las más antiguas de Baviera. Con vistas al milenario de 1764, el abad quiso reconstruir tanto el monasterio como la iglesia. Primero se levantaron los edificios conventuales, y la iglesia empezó a construirse en 1737 según planos de varios arquitectos. En 1748 Johann Michael Fischer asumió la dirección y reelaboró el proyecto. La iglesia se terminó y se consagró en 1766. Fischer fue uno de los principales arquitectos del sur de Alemania y construyó una treintena de iglesias.

La iglesia mide unos 90 metros de largo y tiene un amplio crucero, de modo que el espacio adopta casi la forma de una cruz con una gran parte central. La fachada tiene dos altas torres y un cuerpo central curvo. Dentro, los muros son blancos y la luz abundante. Johann Jakob Zeiller pintó los frescos de las cúpulas y Johann Michael Feichtmayr realizó los estucos, que enmarcan los frescos y se derraman sobre los pilares. Johann Joseph Christian hizo las esculturas y la sillería del coro. La iglesia tiene varios órganos, entre ellos dos de Karl Joseph Riepp en el coro.

La abadía fue suprimida con la secularización de 1802, pero se restableció en 1834 y sigue en activo. La iglesia recibió el título de basílica en 1926. Es una de las obras capitales del rococó del sur de Alemania y se cita a menudo junto a Vierzehnheiligen y la Wieskirche. También es conocida por sus conciertos, en los que los órganos y la acústica atraen a músicos y público.