San Apolinar in Classe
La basílica se alza solitaria en la llanura donde antaño estuvo la ciudad portuaria de Rávena. Una luminosa nave central con columnas de mármol conduce hasta el ábside, donde se extiende en mosaico un verde prado paradisíaco. El obispo Apolinar aparece en el centro de la escena, rodeado de ovejas.
La iglesia se construyó por iniciativa del obispo Ursicino en la primera mitad del siglo VI y fue consagrada en 549 por el arzobispo Maximiano. La obra la costeó Julio Argentario, un banquero que financió también San Vital. Se levantó sobre el lugar donde probablemente fue enterrado Apolinar, primer obispo de Rávena, junto a la ciudad portuaria de Classe. La iglesia está construida con ladrillo fino en el estilo llamado ravenático, y las columnas de mármol, con capiteles de hojas que parecen agitadas por el viento, llegaron probablemente ya labradas desde Constantinopla.
La planta es la de una basílica clásica, con una alta nave central y dos laterales, separadas por doce columnas a cada lado. El ábside está elevado sobre una cripta. Su mosaico muestra a Apolinar con los brazos alzados en oración, de pie en un prado verde con árboles, flores y aves. Sobre él flota una gran cruz enjoyada dentro de un círculo azul con estrellas; es una imagen simbólica de la Transfiguración de Cristo en el monte, en la que tres ovejas representan a los tres discípulos. A lo largo de los muros hay sarcófagos de los arzobispos de Rávena. El campanario circular junto a la iglesia se añadió en el siglo XI.
La ciudad portuaria de Classe se fue colmatando y quedó abandonada en la Alta Edad Media, y la iglesia se quedó sola en el campo. En el siglo XV los venecianos se llevaron mármol de los muros, pero el mosaico del ábside se salvó. Desde 1996 la iglesia forma parte del Patrimonio de la Humanidad de los monumentos paleocristianos de Rávena. Muestra lo luminosa, amplia y clara que podía ser una basílica paleocristiana y cómo se usaba el mosaico para convertir el presbiterio en una ventana al cielo.