Gustavo III construye en Haga
Gustavo III manda construir un pabellón en Haga, decorado según modelos de Pompeya, mientras se planea un gran palacio. El palacio no llega a terminarse antes de que el rey sea asesinado en 1792.
El estilo gustaviano se convirtió en el neoclasicismo propio de Suecia, luminoso y comedido.
Gustavo III llegó al trono en 1771 y al año siguiente arrebató el poder a los estamentos con un golpe de Estado. Fue un rey de la cultura que fundó academias, construyó una ópera y escribió obras de teatro, y quería que Suecia siguiera el gusto de Europa. Compró Haga, junto a la bahía de Brunnsviken al norte de Estocolmo, al principio de su reinado y lo convirtió en su refugio privado. Allí Fredrik Magnus Piper, que había estudiado jardinería en Inglaterra, trazó un parque paisajista con senderos sinuosos, láminas de agua y miradores en lugar de los ejes rectos del jardín barroco francés. El viaje del rey a Italia en 1783–1784 le aportó nuevas impresiones de los hallazgos antiguos.
El pabellón se construyó a partir de 1787 según los planos del arquitecto Olof Tempelman, pero son los interiores de Louis Masreliez los que lo han hecho famoso. El pequeño edificio tiene pocas estancias, entre ellas un salón con espejos que se abre hacia el agua y un dormitorio donde al rey le gustaba trabajar. Los muros tienen finos ornamentos, pilastras y paneles pintados en colores claros según modelos antiguos. En el parque se construyeron pabellones de gusto chino y turco, un templo del eco y las llamadas tiendas de cobre, edificios de guardia con forma de campamento militar romano. El gran palacio lo proyectó Louis Jean Desprez. Se pusieron los cimientos, pero tras el asesinato las obras se detuvieron y las ruinas siguen allí.
El estilo gustaviano se extendió de la corte a las casas señoriales, las casas parroquiales y los hogares burgueses. Se caracteriza por líneas rectas, ornamentos escasos, colores claros como el gris perla y el azul pálido, y muebles con patas rectas acanaladas. Como el país era más pobre que Francia, sus formas solían ser más sencillas, en madera pintada más que dorada, y quizá por eso el estilo se percibe como especialmente sueco. Hacia 1900 lo redescubrieron artistas y arquitectos que lo veían como una tradición nacional, y desde entonces ha pervivido en el interiorismo sueco. En Haga se construyó más tarde un palacio para los hijos de Gustavo IV Adolfo, donde hoy vive la princesa heredera.