Cimabue

El último gran maestro de impronta bizantina en Florencia.
Cimabue empezó a suavizar el rígido estilo bizantino con más volumen y sentimiento. Según la tradición, descubrió al joven Giotto mientras este dibujaba ovejas sobre una piedra.
Cimabue se llamaba en realidad Cenni di Pepo y nació en Florencia hacia 1240. El apodo suele interpretarse como «cabeza de buey» o «el obstinado». De su formación no sabemos casi nada. Creció en una época en que la pintura italiana estaba dominada por el estilo bizantino, que tomaba como modelo los iconos planos y resplandecientes de oro. Está documentado en Roma en 1272, y la única obra que los documentos de archivo le atribuyen con certeza es un mosaico con san Juan Evangelista en la catedral de Pisa, de 1301–02.
Las obras que se le atribuyen se basan, por tanto, en comparaciones estilísticas, aunque los especialistas coinciden en lo esencial. Entre ellas figuran un gran crucifijo pintado en San Domenico de Arezzo, de hacia 1270, y otro en Santa Croce de Florencia, que sufrió graves daños en la inundación de 1966 y se convirtió en un símbolo de la catástrofe. Su tabla más conocida es la Maestà de Santa Trinita, una enorme Virgen entronizada que hoy se conserva en los Uffizi. También pintó frescos en la basílica superior de San Francisco de Asís, pero están tan deteriorados que sus colores parecen hoy un negativo fotográfico.
La novedad de Cimabue fue dar vida a las formas bizantinas. El trono gana profundidad, los pliegues de las telas empiezan a describir los cuerpos que hay debajo y los rostros adquieren una expresión grave y humana. Cristo cuelga pesadamente de la cruz, doblado por el dolor. El oro y las proporciones alargadas se mantienen, pero la imagen apunta ya hacia un espacio real.
Ya Dante lo menciona en la Divina comedia: Cimabue creía dominar el campo de la pintura, pero ahora es Giotto quien tiene la fama. El verso se convirtió en una especie de sentencia sobre él como el maestro superado por su sucesor. La historia de que encontró al joven Giotto mientras el muchacho dibujaba ovejas sobre una piedra procede de Giorgio Vasari, doscientos años después, y es una leyenda, no un hecho probado.
Aun así, Vasari abrió sus célebres biografías de artistas de 1550 precisamente con Cimabue. Por eso fue considerado durante mucho tiempo el primer pintor italiano de una nueva tradición. Hoy se le ve como un eslabón importante entre el arte bizantino de los iconos y la pintura realista que Giotto desarrollaría después.