El gótico

Las iglesias se alzaron hacia el cielo y los muros se disolvieron en luz de colores.

El gótico nació en Francia, en la iglesia abacial de Saint-Denis, hacia 1140. El arco apuntado, la bóveda de crucería y los arbotantes permitieron construir a gran altura y sustituir los muros por grandes vidrieras. Las catedrales de Chartres, París y Reims se convirtieron en imágenes de la Jerusalén celestial.

La escultura y la pintura se hicieron más suaves y humanas. En Italia, Giotto dio peso y sentimientos a sus figuras, y en Siena Duccio y Simone Martini pintaron elegantes imágenes en oro y colores de piedras preciosas.

Hacia el final del periodo se extendió por Europa una cultura cortesana –el gótico internacional– con figuras esbeltas, telas suntuosas y minuciosos estudios de la naturaleza. El gótico perduró mucho tiempo en el norte de Europa, y en las iglesias suecas las pinturas murales al temple de cal continuaron hasta bien entrado el siglo XVI.