Duccio di Buoninsegna

El gran pintor de Siena.
La Maestà de Duccio, un enorme retablo para la catedral de Siena, recorrió la ciudad en procesión en 1311. Unió el esplendor bizantino con las elegantes líneas del gótico.
Duccio di Buoninsegna nació en Siena hacia 1255. Se desconoce su formación, pero debió de estudiar con atención modelos bizantinos y quizá conoció las obras de Cimabue en Florencia. Aparece por primera vez en los archivos de Siena en 1278. Durante los cuarenta años siguientes se convirtió en el principal pintor de la ciudad.
Su primer gran encargo le llegó en 1285 de una cofradía religiosa de Florencia. Se trataba de una gran Virgen para la iglesia de Santa Maria Novella. La tabla se conoce como la Madonna Rucellai y hoy cuelga en los Uffizi, junto a vírgenes de Cimabue y Giotto. Durante mucho tiempo se atribuyó a Cimabue, hasta que un contrato conservado demostró que el maestro era Duccio. Su obra principal es la Maestà, el inmenso retablo para la catedral de Siena. Se encargó en 1308 y en 1311 fue llevada en medio de grandes festejos desde el taller hasta la catedral.
La Maestà tiene dos caras. El anverso muestra a María en el trono rodeada de ángeles y santos. El reverso narra la Pasión de Cristo en un gran número de pequeñas escenas. Ahí se aprecia la fuerza de Duccio: dispone las figuras de modo que la acción sea fácil de seguir y les da gestos y miradas que sostienen el relato. Los colores son claros y luminosos, y el oro lo envuelve todo en un brillo celestial. El retablo se desmontó en 1771 y se serró en piezas. La mayor parte se encuentra hoy en el Museo dell'Opera del Duomo de Siena, pero hay paneles sueltos, entre otros lugares, en la National Gallery de Londres y en la National Gallery of Art de Washington.
Los archivos también ofrecen una imagen del hombre. Duccio fue multado varias veces, entre otras cosas por deudas y por negarse a prestar juramento, y dejó a su familia endeudada. Sin embargo, es difícil saber hasta qué punto esto refleja su personalidad.
Duccio fundó la pintura sienesa, marcada por la elegancia, los colores cálidos y el gusto por la narración. Simone Martini y los hermanos Pietro y Ambrogio Lorenzetti continuaron su legado. Mientras Giotto, en Florencia, subrayaba el peso y el dramatismo, Duccio mostró cómo podían unirse belleza y narración.