Los embajadores

Los embajadores, Hans Holbein d.y.
Hans Holbein the Younger, Public domain

Dos diplomáticos franceses en Londres, rodeados de instrumentos para medir el cielo y la tierra. Sobre el suelo hay una extraña forma alargada que solo se puede leer desde un lado.

Colóquese en diagonal, a un lado del cuadro, y mire a lo largo de la superficie: la forma alargada del suelo se convierte en una calavera.

Hans Holbein el Joven pintó Los embajadores en Londres en 1533. El hombre de la izquierda es Jean de Dinteville, enviado de Francia en la corte de Enrique VIII. A la derecha está su amigo Georges de Selve, obispo de Lavaur, que lo visitó esa misma primavera. Sus edades figuran en el cuadro: 29 años en la vaina del puñal de Dinteville y 25 en el libro bajo el codo de De Selve. La pintura mide algo más de dos metros de altura y es casi cuadrada.

Entre los dos hombres hay un estante lleno de objetos. Arriba, sobre una alfombra oriental, hay un globo celeste, varios relojes de sol y otros instrumentos para medir el tiempo y los astros. Abajo hay un globo terráqueo, un libro de aritmética para mercaderes, un laúd con una cuerda rota y un himnario luterano. En conjunto muestran el saber que se esperaba que dominara un hombre del Renacimiento.

Sobre el suelo hay una forma gris alargada. Es una anamorfosis, una imagen deformada de tal modo que solo se ve correctamente desde un ángulo determinado. Vista en diagonal desde un lado, se convierte en una calavera, un memento mori. En la esquina superior izquierda asoma un crucifijo tras la cortina verde. La muerte y la esperanza de la resurrección enmarcan así todo el saber mundano.

El año 1533 fue convulso. Enrique VIII rompió con el papa para casarse con Ana Bolena, y la Reforma luterana dividía la Iglesia. La cuerda rota y el himnario se han interpretado como signos de esa división. El cuadro permaneció mucho tiempo en el castillo de Polisy, de la familia Dinteville, que aparece marcado en el globo terráqueo. La National Gallery de Londres lo compró en 1890.