Vidrieras de Chartres

Vidrieras de Chartres
Jean-Baptiste-Antoine Lassus / Eugène Emmanuel Amaury Duval, Public domain

La catedral de Chartres conserva más de 150 vidrieras medievales, famosas por su intenso color azul. Las vidrieras contaban las historias de la Biblia a quienes no sabían leer.

El gótico construía alto y ligero para dejar entrar la luz: los muros se convirtieron casi por completo en vidrio.

La catedral de Notre-Dame de Chartres, al suroeste de París, guarda una reliquia que se dice que es la túnica de la Virgen María. Eso convirtió a la ciudad en un gran centro de peregrinación. En 1194 ardió la catedral anterior; la fachada occidental y la reliquia se salvaron. Se construyó una nueva iglesia a gran velocidad, y la mayor parte estaba terminada en la década de 1220. Se consagró en 1260. La obra la costearon obispos, clérigos, nobles y habitantes de la ciudad. Se hizo tan deprisa que la catedral tiene un estilo inusualmente unitario.

La catedral tiene unas 170 vidrieras, y la mayor parte del vidrio data de entre 1200 y 1240. Eso convierte a Chartres en el conjunto de vidrieras medievales mejor conservado. Tres ventanales de la fachada occidental son más antiguos, de mediados del siglo XII, y sobrevivieron al incendio. Entre ellos está el Árbol de Jesé, que muestra la genealogía de Jesús. La célebre imagen mariana de Notre-Dame de la Belle Verrière es también en gran parte vidrio anterior, que se rescató y se colocó en un nuevo ventanal. En total, el vidrio cubre unos 2 500 metros cuadrados.

Las vidrieras narran episodios bíblicos, leyendas de santos y la vida de María. Las historias suelen leerse de abajo arriba, recuadro por recuadro. En la parte inferior de muchas vidrieras aparecen artesanos trabajando: panaderos, carniceros, vinateros, zapateros. Se han interpretado como donantes, aunque se discute hasta qué punto los gremios pagaron realmente las vidrieras. Otra vidriera cuenta la parábola del hijo pródigo, y varias narran las leyendas de Carlomagno.

Dominan tres grandes rosetones. El norte muestra a María con el Niño rodeada de profetas y reyes. Se atribuye a la reina Blanca de Castilla, y las flores de lis y los castillos aluden a Francia y Castilla. El rosetón sur muestra a Cristo en majestad, y el occidental el Juicio Final. Los rosetones miden más de diez metros de diámetro.

El vidrio se coloreaba mezclando óxidos metálicos en la masa fundida. El cobalto daba el azul intenso conocido como azul de Chartres. Las piezas de color se cortaban y se unían con varillas de plomo. Los detalles, como rostros y pliegues, se pintaban con un color oscuro, la grisalla, que se fijaba al vidrio mediante cocción. El vidrio es de grosor irregular y está lleno de pequeñas burbujas, lo que hace que la luz se refracte y los colores resplandezcan.

Las nuevas técnicas constructivas del gótico hicieron posibles las vidrieras. Los arbotantes exteriores absorbían el empuje de las bóvedas, de modo que los muros podían abrirse a grandes superficies de vidrio. El interior se llena de una luz tamizada y coloreada. Los teólogos medievales asociaban la luz con Dios, y las vidrieras debían ofrecer al visitante un anticipo de la Jerusalén celestial. La luz cambia a lo largo del día, y los colores varían con el tiempo y las estaciones.

Durante las dos guerras mundiales las vidrieras se desmontaron y se ocultaron. Desde 1979 la catedral forma parte del patrimonio mundial de la Unesco. A partir de 2009 se llevó a cabo una amplia limpieza y renovación del interior, en la que los muros se pintaron de colores claros. La intervención ha sido objeto de debate entre los historiadores del arte. La limpieza de las vidrieras también ha mostrado lo luminosos y nítidos que eran originalmente los colores.