Fudō Masamune

Una de las pocas espadas atribuidas con seguridad a Masamune, con un grabado del dios Fudō. Perteneció a la familia Tokugawa.
El hamon, la línea blanca de temple a lo largo del filo, es a la vez técnica y arte.
Masamune fue un forjador de espadas que trabajó en la provincia de Sagami, cerca de la ciudad de Kamakura, a finales del siglo XIII y principios del XIV. Está considerado el forjador de espadas más célebre de Japón. Al mismo tiempo, son muy pocas las espadas que se le pueden atribuir con seguridad, y durante un tiempo, a finales del siglo XIX, algunos investigadores llegaron a dudar de que hubiera existido. Hoy se le considera un personaje histórico, aunque mucho de lo que lo rodea es leyenda. Según la tradición, varios de los mejores forjadores de las generaciones siguientes fueron alumnos suyos, los llamados diez grandes discípulos, pero la lista se compiló mucho más tarde y es incierta.
Fudō Masamune es una espada corta, un tantō, con una hoja de unos 25 centímetros. Debe su nombre a un grabado del dios Fudō Myōō en la hoja. Fudō es un dios protector airado del budismo, que porta una espada para cortar la ignorancia y las fuerzas malignas. La espada es una de las poquísimas espadas firmadas que se atribuyen a Masamune.
La hoja es casi recta y tiene una clara línea de temple, el hamon, a lo largo del filo. En el acero se aprecia un fino dibujo surgido al plegar y forjar el acero. Los entendidos admiran las espadas de Masamune por los cristales brillantes de la zona templada, llamados nie, y por las líneas oscuras y sinuosas del acero.
Las espadas japonesas se fabricaban con un acero especial, el tamahagane, que se obtenía de arena ferrosa en hornos de arcilla. El forjador plegaba el acero muchas veces para igualar el contenido de carbono y eliminar la escoria. Antes del temple, la hoja se cubría de arcilla, más gruesa en el lomo y más fina en el filo. Al enfriar la hoja en agua, el filo se volvía duro mientras el lomo seguía siendo flexible. Esto es lo que crea el hamon.
La espada tiene una larga historia de propietarios. Según la tradición, perteneció al caudillo Toyotomi Hideyoshi antes de pasar al clan Tokugawa, que gobernó Japón durante el periodo Edo. Desde entonces la ha custodiado la rama Owari del clan, y hoy se encuentra en el Museo Tokugawa de Nagoya.
Las espadas tenían un estatus especial en Japón. No eran solo armas, sino también objetos de prestigio y regalos entre hombres poderosos. Las espadas de forjadores célebres recibían nombre y a menudo certificados de autenticidad. En el periodo Edo, las espadas de Masamune estaban entre las más codiciadas, y su nombre se convirtió casi en sinónimo de la espada perfecta.
Hoy las espadas japonesas se consideran objetos artísticos y se valoran por la forma de la hoja, el dibujo del acero y la belleza de la línea de temple. Fudō Masamune está catalogada como Bien Cultural Importante. Masamune se ha convertido en una figura legendaria de la cultura popular, y su nombre aparece en películas, videojuegos y cómics.