La joven de la perla

Una muchacha se vuelve hacia nosotros con la boca entreabierta. No es un retrato de encargo, sino una tronie: un estudio de un rostro con un turbante exótico.
La perla son solo unas pocas pinceladas: un reflejo claro arriba y otro más débil abajo.
Johannes Vermeer vivió toda su vida en la ciudad holandesa de Delft. Trabajó durante las décadas de 1650, 1660 y 1670, y lo hacía con lentitud. Hoy solo se le conocen unas treinta y cinco pinturas. La joven de la perla suele fecharse hacia 1665. El cuadro no lleva fecha ni firma con año, así que la datación es una estimación.
No es un retrato de encargo. Es una tronie, un tipo de cuadro holandés que muestra un rostro, un tipo o una expresión, a menudo con ropajes fantasiosos. Nadie sabe quién fue la modelo. Se ha especulado con que pudiera ser una de las hijas de Vermeer, pero no hay pruebas. Novelas y películas han llenado ese vacío con historias inventadas.
La muchacha gira la cabeza por encima del hombro hacia nosotros. Tiene la boca ligeramente abierta y los ojos grandes y brillantes. Lleva un turbante azul y amarillo con un paño que cuelga por detrás de la cabeza, y una chaqueta pardo amarillenta con cuello blanco. De la oreja pende una gran perla que capta la luz. El fondo es oscuro, casi negro, y hace que el rostro destaque con nitidez. Los labios brillan húmedos, y pequeños puntos de luz blanca en los ojos y en la comisura de la boca dan vida al rostro.
La perla consiste en solo unas pocas pinceladas. Un reflejo claro arriba y otro más débil abajo bastan para crear la impresión de una gota brillante. No se ve claramente cómo cuelga de la oreja. Como la perla es inusualmente grande, se ha propuesto que en realidad represente un pendiente de vidrio o de estaño pulido, pero es solo una interpretación.
Vermeer empleaba pigmentos caros. El azul del turbante es ultramar natural, obtenido de la piedra semipreciosa lapislázuli triturada. Un amplio estudio de 2018 mostró que el fondo oscuro era originalmente una cortina verde, pintada con un color translúcido que se ha oscurecido con el tiempo. Los investigadores también descubrieron pequeñas pestañas invisibles a simple vista. La pintura es pequeña, de unos 45 por 40 centímetros.
En el siglo XIX Vermeer estaba casi olvidado. El cuadro se vendió en una subasta en La Haya en 1881 por una suma muy baja. El comprador, el coleccionista Arnoldus des Tombe, lo legó al museo Mauritshuis de La Haya, donde se encuentra desde principios del siglo XX. Se restauró a fondo en la década de 1990.
El cuadro se llama a veces «la Mona Lisa del Norte». Se hizo especialmente famoso gracias a la novela de Tracy Chevalier de 1999 y a la película de 2003, que inventan una historia sobre la modelo. Mientras el Mauritshuis estaba en obras, entre 2012 y 2014, la pintura viajó a Japón, Estados Unidos e Italia y atrajo a grandes multitudes. Hoy, por regla general, no se presta.