Máscara funeraria de Tutankamón

Máscara funeraria de Tutankamón
Roland Unger, Public domain

Unos diez kilos de oro cubrían la momia del joven faraón. La máscara no muestra a un individuo, sino un rostro idealizado y eterno: se creía que el oro era la piel de los dioses.

El buitre y la cobra de la frente representan el Alto y el Bajo Egipto, los dos reinos sobre los que gobernaba el faraón.

Tutankamón se convirtió en faraón siendo un niño y murió hacia el 1323 a. C., con unos diecinueve años. Reinó poco después de Akenatón y restableció el culto a los antiguos dioses. En vida fue un rey bastante insignificante; lo que le ha dado fama es su tumba casi intacta. Al principio se llamaba Tutankatón, «imagen viva de Atón», pero cambió de nombre para honrar al dios Amón.

La tumba, KV62 en el Valle de los Reyes, fue descubierta en noviembre de 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter. La excavación la costeó lord Carnarvon. Vaciar la tumba llevó varios años. La máscara no apareció hasta 1925, cuando se abrió el ataúd más interior y allí yacía la momia con la máscara sobre la cabeza y los hombros. La tumba era pequeña para un rey, pero estaba repleta de objetos: muebles, carros, joyas, ropa y estatuas. Había sufrido un saqueo menor en la Antigüedad, pero luego quedó olvidada bajo los escombros de una tumba posterior.

La máscara mide algo más de cincuenta centímetros de altura y pesa unos diez kilos. Es de oro, con incrustaciones de lapislázuli, cornalina, turquesa, cuarzo, obsidiana y vidrio coloreado. El faraón lleva el nemes, el tocado rayado en oro y azul. En la frente lleva un buitre y una cobra, las diosas Nejbet y Uadyet. Bajo el mentón cuelga una barba trenzada, y alrededor del cuello hay un ancho collar de varias hileras de cuentas. La máscara está formada por varias láminas de oro martilleadas y soldadas entre sí.

Los ojos son de cuarzo y obsidiana y dan al rostro una expresión viva. El contorno de los ojos está incrustado con lapislázuli. En la parte posterior de la máscara hay un texto del Libro de los Muertos, un conjuro destinado a proteger al difunto. El oro tenía un significado religioso: los egipcios lo consideraban la piel indestructible de los dioses, y el lapislázuli, su cabello.

La máscara no pretendía mostrar el verdadero aspecto de Tutankamón, sino darle un rostro eterno y divino para la vida de ultratumba. Algunos investigadores han sugerido que se hizo originalmente para otro miembro de la realeza y que se adaptó para él. Esa teoría es controvertida.

En 2014 la barba se desprendió durante unos trabajos en la vitrina. Se volvió a pegar con resina epoxi y los restos de pegamento eran claramente visibles. El incidente suscitó críticas, y al año siguiente un equipo germano-egipcio llevó a cabo una cuidadosa restauración. La barba se fijó entonces con cera de abeja, que se cree que también usaban los artesanos antiguos.

La máscara se ha convertido quizá en el objeto más famoso del antiguo Egipto. El descubrimiento de 1922 desató una oleada de egiptomanía en la moda, la arquitectura y el cine, y la prensa difundió historias sobre una «maldición del faraón». La máscara figura entre los tesoros mejor protegidos de Egipto y hoy no puede salir del país. Se considera una de las cumbres de la orfebrería antigua.