El caminante sobre el mar de nubes

Un hombre con levita, de pie sobre una roca, contempla un mar de niebla. El romanticismo busca lo sublime: la naturaleza que asusta y atrae a la vez.
Lo vemos de espaldas, una Rückenfigur, de modo que contemplamos el paisaje a través de sus ojos.
Caspar David Friedrich nació en 1774 en Greifswald, a orillas del Báltico, y trabajó la mayor parte de su vida en Dresde. Fue el principal paisajista del romanticismo alemán. El caminante sobre el mar de nubes suele fecharse hacia 1817-1818. No está fechado en el lienzo, y su génesis no está documentada con más detalle.
Un hombre con levita verde oscuro está de pie sobre una roca, de espaldas a nosotros. Lleva un bastón en la mano y el viento le agita el pelo. Ante él, la niebla ondula entre cumbres y peñascos. A lo lejos, una montaña emerge de la bruma, y el cielo es claro pero brumoso. El hombre está situado exactamente en el centro del cuadro. Su ropa es sencilla pero elegante, y su postura, tranquila y segura.
El paisaje no es una vista real. Friedrich lo compuso a partir de bocetos de distintos lugares de los montes de arenisca del Elba, la zona llamada Suiza sajona, al sur de Dresde. Algunas de las montañas pueden identificarse. Las combinó en un paisaje ideal pensado para despertar un sentimiento más que para reproducir un lugar.
La figura vista de espaldas se llama en alemán Rückenfigur y era uno de los rasgos característicos de Friedrich. Como no vemos su rostro, nos resulta más fácil ponernos en su lugar y vivir el paisaje a través de sus ojos. No sabemos quién es el hombre. A veces se le ha identificado con una persona concreta, pero es pura especulación. La figura convierte el cuadro en una reflexión sobre el propio acto de mirar.
La pintura es un óleo sobre lienzo de superficie lisa. Friedrich construyó la niebla con capas finas y claras que disuelven las formas. La silueta oscura del hombre contrasta con fuerza con la claridad. La gama cromática es fría, con grises, azules y blancos. El cuadro mide apenas un metro de alto y tiene formato vertical.
El cuadro suele relacionarse con la idea romántica de lo sublime: una naturaleza tan grande y poderosa que asusta y fascina a la vez. También se ha interpretado en clave religiosa, como imagen del encuentro del ser humano con Dios en la naturaleza, y en clave política, a la luz del nacionalismo alemán posterior a las guerras napoleónicas. Todas estas lecturas tienen fundamento, pero ninguna es segura. Lo sublime y lo infinito eran conceptos centrales para los artistas y filósofos del romanticismo.
Friedrich cayó en parte en el olvido tras su muerte en 1840 y fue redescubierto a principios del siglo XX. La Hamburger Kunsthalle adquirió El caminante sobre el mar de nubes en 1970. Hoy es una de las imágenes más conocidas del romanticismo. Se ha convertido en símbolo del ser humano solitario y reflexivo y adorna las cubiertas de innumerables libros de filosofía e historia. También figura en grandes exposiciones sobre el romanticismo.