Iglesia de San Marcos

Iglesia de San Marcos, Björkhagen, Estocolmo
Holger.Ellgaard, CC BY-SA 3.0

Lewerentz no quiso cortar ni un solo ladrillo: todas las piezas están enteras, y las anchas juntas absorben las diferencias. El interior es oscuro, con bóvedas de ladrillo que se arquean entre vigas de acero. La iglesia se considera una de las obras maestras de la arquitectura sueca de posguerra.

Las nuevas parroquias de la Iglesia de Suecia en los crecientes barrios periféricos de Estocolmo necesitaban templos, y en 1955-1956 se convocó un concurso para una iglesia en Björkhagen. Lo ganó Sigurd Lewerentz, que tenía entonces unos setenta años y llevaba mucho tiempo dedicado a otras obras distintas de las iglesias. La construcción se desarrolló entre 1958 y 1960, y Lewerentz siguió los trabajos en obra casi a diario. No quería que se cortara ningún ladrillo, de modo que los muros tuvieron que adaptarse a las piezas y no al revés. El ladrillo oscuro se colocó con juntas anchas que absorbían todas las diferencias de medida. La cuadrilla de albañiles trabajó bajo la minuciosa supervisión de Lewerentz, que dibujó y modificó detalles durante toda la obra. La iglesia se construyó para una parroquia local, pero pronto fue conocida mucho más allá de Estocolmo.

El conjunto consta de la iglesia y un edificio parroquial, situados juntos al borde de un bosquecillo de abedules. Todo está construido con el mismo ladrillo oscuro: muros, suelos, altar y bóvedas. La nave es casi cuadrada y muy penumbrosa, con pocas y pequeñas ventanas que dejan pasar estrechos haces de luz. El techo está formado por bajas bóvedas de ladrillo que se arquean entre vigas de acero, de modo que parece ondular. La luz procede también de lámparas que cuelgan bajas en el espacio. La pila bautismal y el altar son sencillos y pesados. Lewerentz diseñó él mismo el mobiliario, y los detalles son pocos pero cuidadosamente resueltos. La acústica y la oscuridad dan quietud al espacio, y el ojo necesita un rato para acostumbrarse antes de que aparezca la textura de los muros.

La Iglesia de San Marcos recibió uno de los primeros premios Kasper Salin, el principal galardón de arquitectura de Suecia, y supuso un temprano reconocimiento para el anciano arquitecto. Pocos años después, Lewerentz proyectó la iglesia de San Pedro en Klippan, donde llevó sus ideas aún más lejos. La iglesia apenas ha cambiado desde su construcción y la parroquia sigue usándola. En los últimos años se ha convertido en lugar de peregrinación para arquitectos de todo el mundo, que la ven como uno de los mejores ejemplos del siglo XX de cómo un material sencillo puede sostener una poderosa expresión espacial. La iglesia contrasta con la arquitectura de los barrios periféricos de su tiempo y muestra un camino distinto del funcionalismo luminoso que dominaba la construcción sueca en esos mismos años.