Sant'Andrea al Quirinale

Sant'Andrea al Quirinale, Roma
Architas, CC BY-SA 4.0

Bernini llamó a esta pequeña iglesia jesuita la única obra suya con la que estaba plenamente satisfecho. Es oval y más ancha que profunda, de modo que el visitante se encuentra enseguida frente al altar. El espacio es un teatro en el que el apóstol san Andrés asciende al cielo en la cúpula.

La iglesia la encargó el cardenal Camillo Pamphili para el noviciado de los jesuitas, donde se formaban los jóvenes que ingresaban en la orden. El solar era pequeño y estaba frente al palacio papal del Quirinal. Bernini recibió el encargo en 1658 y la iglesia se consagró en 1670, aunque la decoración continuó unos años más. Le dedicó un gran esmero. Su hijo contó más tarde que Bernini solía sentarse en la iglesia a contemplarla, y que decía que era la única obra de la que no se arrepentía de nada.

La planta es un óvalo cuyo eje largo es transversal. Al entrar, por tanto, uno se encuentra cerca del altar, situado frente a la entrada. Alrededor del óvalo hay capillas, y los muros están revestidos de mármol rosa y gris. Sobre el altar, el martirio de san Andrés se muestra en un cuadro enmarcado por rayos dorados, y por encima una escultura del santo se eleva a través de una abertura hacia la cúpula. La cúpula es blanca y dorada, con casetones y ángeles. La luz entra por ventanas ocultas, de modo que el espacio es cada vez más luminoso hacia arriba.

Por fuera, la iglesia recibe la calle con una escalinata convexa y un pórtico enmarcado por dos pilastras y un frontón, mientras que dos muros bajos se curvan hacia fuera y abrazan el espacio de delante. La iglesia se considera uno de los espacios más perfectos del Barroco y ha sido estudiada por arquitectos desde Fischer von Erlach hasta los modernos del siglo XX. Muestra cómo Bernini, que era escultor, arquitecto y escenógrafo, supo unir todas las artes en un solo espacio.