Teatro del palacio de Drottningholm

El teatro de la reina Luisa Ulrica es uno de los pocos teatros del siglo XVIII en el mundo que conservan su maquinaria escénica original. El exterior es sencillo, pero dentro aguarda una sala en blanco y oro y un escenario profundo donde los decorados todavía se cambian a mano.
La reina Luisa Ulrica sentía un gran interés por el teatro, y el palacio tuvo un primer teatro en 1754. Se incendió en 1762 durante una representación. Adelcrantz recibió el encargo de diseñar uno nuevo, que se construyó en 1764–1766. Gustavo III, que escribía obras teatrales, convirtió el teatro en uno de los centros de la corte, y aquí se ofrecieron numerosas representaciones francesas y suecas. En la década de 1790 cesó la actividad y el teatro pasó a usarse como almacén.
Por fuera, el edificio es una sencilla caja revocada con ventanas semejantes a las del resto de construcciones del palacio. Dentro hay una sala con bancos a distintos niveles y un escenario de una profundidad inusual. Buena parte de la decoración de la sala está pintada para imitar estuco, mármol y dorados, pero en realidad es madera y papel maché. Bajo el escenario y sobre él hay una maquinaria de cuerdas, tambores y tornos que cambia los decorados en pocos segundos. También hay máquinas para olas, nubes, truenos y viento.
El teatro cayó en el olvido durante el siglo XIX y fue redescubierto en 1921 por el historiador de la literatura Agne Beijer, que lo encontró con decorados y máquinas casi intactos. Desde entonces se utiliza cada verano para representaciones, sobre todo de ópera del siglo XVIII. Forma parte del sitio Patrimonio de la Humanidad de Drottningholm desde 1991. Es único como museo vivo de la técnica teatral del siglo XVIII.