Se termina la cúpula de Florencia

Filippo Brunelleschi consigue cerrar la cúpula de la catedral de Florencia sin andamios desde el suelo. Ese mismo año el papa consagra la iglesia.

La hazaña se convirtió en el símbolo del Renacimiento: el ser humano que, gracias al conocimiento de la Antigüedad y a las matemáticas, puede superar a los antiguos.

La nueva catedral de Florencia, Santa Maria del Fiore, se empezó en 1296 según el proyecto de Arnolfo di Cambio. En el siglo XIV se decidió que el crucero tendría una cúpula octogonal, mayor que ninguna construida desde la Antigüedad, y en 1367 se aprobó un modelo de la iglesia. El problema era que nadie sabía cómo construirla. El vano era tan ancho que no había madera suficiente para una cimbra corriente, y los florentinos no querían usar arbotantes como en el norte de Europa. En 1418 se convocó un concurso. Filippo Brunelleschi, orfebre de formación, había estudiado las ruinas antiguas de Roma tras perder el concurso de las puertas del Baptisterio, y afirmó que podía cerrar la cúpula sin andamios.

Las obras empezaron en 1420. Brunelleschi hizo una cúpula doble, con una gruesa cáscara interior y otra exterior más delgada, unidas por ocho grandes nervios en las esquinas y nervios menores entre ellos. Entre las dos cáscaras hay escaleras que suben hasta lo alto. Los ladrillos se colocaron en espiga, de modo que las piezas verticales trababan las horizontales y cada anillo se sostenía por sí solo mientras fraguaba el mortero. Anillos de piedra, hierro y madera mantienen unida la cúpula como los aros de un tonel. También diseñó nuevas máquinas elevadoras, entre ellas un torno movido por bueyes que podía cambiar de sentido sin que los animales tuvieran que dar la vuelta. La linterna de la cima, según su diseño, no se empezó hasta 1446, el año de su muerte.

La cúpula causó asombro ya durante su construcción. Leon Battista Alberti dedicó a Brunelleschi la versión italiana de su tratado sobre la pintura y alabó la cúpula como una obra sin parangón, ni siquiera en la Antigüedad. Brunelleschi recibió el raro honor de ser enterrado en la propia catedral. La bola dorada de la linterna la colocó en 1471 el taller de Andrea del Verrocchio, donde el joven Leonardo da Vinci era aprendiz. La cúpula sirvió de modelo a la de Miguel Ángel en San Pedro y, con ello, a las iglesias de cúpula de toda Europa. También en Estocolmo la iglesia de Santa Catalina recibió en el siglo XVII una cúpula sobre el crucero, uno de los ejemplos suecos más claros del sueño renacentista de la iglesia de planta central.