Hasegawa Tōhaku

Hasegawa Tōhaku
Hasegawa Tōhaku, Public domain

El pintor de los pinos.

Hasegawa Tōhaku compitió con la escuela Kanō y pintó tanto biombos dorados como el brumoso Bosque de pinos a la tinta.

Hasegawa Tōhaku nació en 1539 en Nanao, en la península de Noto, a orillas del mar de Japón. Fue adoptado por la familia Hasegawa, que se dedicaba al teñido de telas, y empezó su carrera como pintor de imágenes budistas. Hacia 1571 se trasladó a Kioto para probar suerte en la capital.

En Kioto estableció contactos con el templo zen Daitoku-ji y con el maestro de té Sen no Rikyū, y tuvo acceso a pinturas chinas, entre ellas de Muqi. Compitió con la poderosa escuela Kanō por los grandes encargos y fundó su propio taller, la escuela Hasegawa. Afirmaba ser heredero de Sesshū en quinta generación.

En 1592 su taller recibió el encargo de decorar el templo Shōun-ji, que Hideyoshi había construido en memoria de su hijo, muerto de niño. Las pinturas de arces y cerezos en oro y colores intensos se encuentran hoy en el templo Chishaku-in de Kioto. Los cerezos los pintó Kyūzō, el hijo de Tōhaku, que murió joven poco después.

Su obra más conocida es Bosque de pinos, un par de biombos de seis paneles pintados solo con tinta sobre papel, en el Museo Nacional de Tokio. Los pinos aparecen y desaparecen en la niebla, unos nítidos, otros apenas visibles. Gran parte del papel está vacío. La imagen capta una atmósfera de quietud, bruma matinal y soledad. Se considera uno de los mayores tesoros del arte japonés.

Tōhaku murió en 1610 durante un viaje a Edo. Demostró que un mismo artista podía dominar tanto el esplendor de los biombos dorados como la quietud de la tinta, y su Bosque de pinos ha sido muy importante para la comprensión de la estética japonesa del vacío y la sugerencia.