Basílica de San Pedro

La nueva basílica de San Pedro tardó 120 años en construirse, a cargo de los principales arquitectos del Renacimiento y del Barroco. Bramante comenzó en 1506 con una planta central, Miguel Ángel dio forma a la cúpula y Carlo Maderno alargó la nave y proyectó la fachada. La cúpula tiene 136 metros de altura.
La antigua basílica de San Pedro, de la época de Constantino, estaba en ruinas cuando el papa Julio II decidió sustituirla en 1506. Bramante proyectó una iglesia en forma de cruz griega con una cúpula en el centro, una imagen ideal de las ideas renacentistas sobre la forma perfecta. Tras su muerte en 1514, el trabajo se alargó y se sucedieron varios arquitectos, entre ellos Rafael y Antonio da Sangallo.
Miguel Ángel se hizo cargo en 1546, a los 71 años, y volvió a la planta central, pero le dio más fuerza. Su cúpula la terminó tras su muerte Giacomo della Porta en 1590. En el siglo XVII, Carlo Maderno prolongó la iglesia hasta formar una cruz latina para dar cabida a más fieles, lo que hace que la cúpula quede en parte oculta tras la fachada cuando se está en la plaza. La basílica se consagró en 1626, y el comercio de indulgencias para financiar las obras fue una de las chispas de la Reforma.