Funcionalismo, Swedish Grace y Swedish Modern
En los países nórdicos el modernismo adoptó un rostro más humano: objetos cotidianos más bellos para todos, viviendas luminosas, abedul curvado y las telas floreadas de Josef Frank.
En Suecia el diseño moderno empezó con la exposición del hogar en Liljevalchs en 1917, donde la Sociedad Sueca de Artes Decorativas presentó muebles baratos y bien hechos para viviendas obreras. Dos años después el historiador del arte Gregor Paulsson publicó el panfleto Objetos cotidianos más bellos. Los artistas fueron contratados por las fábricas: Simon Gate y Edward Hald en Orrefors, Wilhelm Kåge en Gustavsberg. Sus trabajos, elegantes y clásicos, recibieron el nombre de Swedish Grace cuando se expusieron en París en 1925.
La Exposición de Estocolmo de 1930, dirigida por Paulsson con arquitectura de Gunnar Asplund, dio a conocer el funcionalismo –el funkis– al público sueco. Al año siguiente sus arquitectos publicaron el manifiesto acceptera. En Finlandia Alvar y Aino Aalto curvaban chapa de abedul para los asientos del sanatorio de Paimio y fundaron Artek en 1935.
En los años treinta el funcionalismo se suavizó. Josef Frank, que se trasladó de Viena a Estocolmo en 1933, diseñó para Svenskt Tenn muebles y telas con flores y plantas, en un conjunto que llamaba accidentismo. Bruno Mathsson modeló asientos según la forma del cuerpo. En la Exposición Universal de Nueva York de 1939 el estilo sueco recibió el nombre de Swedish Modern.