El rococó
Tras la muerte de Luis XIV las formas se aligeraron: patas curvas, conchas asimétricas y muebles cómodos para los salones en lugar de las salas de aparato.
El rococó nació en París cuando la nobleza volvió de Versalles a sus palacetes urbanos. Las habitaciones se hicieron más pequeñas, y los muebles debían ser cómodos y fáciles de mover. Aparecieron tipos nuevos: la bergère, butaca profunda con laterales tapizados, la cómoda de frente curvo, el secreter y el pequeño escritorio de señora.
El ornamento rocalla –una forma asimétrica que recuerda conchas, rocas y agua– dio nombre al estilo. Ornamentistas como Juste-Aurèle Meissonnier diseñaron plata e interiores en los que casi no quedaba una línea recta. Los colores eran claros: blanco, oro, azul pastel y rosa.
La porcelana se convirtió en el material predilecto del rococó. Meissen, Sèvres y las nuevas fábricas de Alemania y Suecia hacían vajillas y figuritas, y los motivos chinos estaban de moda: la chinería. En Inglaterra el ebanista Thomas Chippendale publicó en 1754 un libro de modelos con muebles al gusto francés, gótico y chino.