El rococó

La gravedad del Barroco dio paso a la ligereza, el juego y el amor en tonos pastel.

Tras la muerte de Luis XIV en 1715, la nobleza francesa abandonó Versalles para instalarse en elegantes palacetes urbanos de París. Los interiores se llenaron de ornamentos en forma de concha –la rocalla, que dio nombre al estilo–, espejos y colores claros.

Watteau creó la fête galante, imágenes oníricas de parejas de enamorados en parques. Boucher y Fragonard pintaron diosas y coqueteos para un público que quería divertirse. Al mismo tiempo, Chardin pintaba escenas serenas de la vida cotidiana.

El Rococó se extendió por Europa, hasta las iglesias de Baviera, los palacios de Venecia y la corte de Suecia. Artistas suecos como Roslin y Lundberg hicieron carrera en París. Crecieron las críticas al Rococó por frívolo y decadente, lo que abrió el camino al Neoclasicismo.