La Grecia clásica
En las ciudades-estado griegas el templo adquirió su forma clásica: una sala para la imagen del dios, rodeada de columnas bajo un tejado a dos aguas y construida según el orden dórico o el jónico.
Tras las guerras médicas, Pericles hizo reconstruir la Acrópolis de Atenas. El Partenón, construido en 447–432 a. C. por Ictino y Calícrates, con Fidias a cargo de las esculturas, es un templo dórico de mármol en el que casi ninguna línea es del todo recta: el suelo se curva levemente y las columnas se inclinan un poco hacia dentro. En las décadas siguientes se construyeron los Propileos, la entrada a la roca, y el Erecteion, donde figuras femeninas, las cariátides, sostienen el techo de un pórtico.
El templo de Hefesto, junto al ágora de Atenas, es uno de los templos griegos mejor conservados. El templo de Apolo en Basas, en las montañas del Peloponeso, tiene la columna corintia más antigua que se conoce. El teatro de Epidauro, del siglo IV a. C., tiene cabida para unos 14.000 espectadores y es famoso por su acústica.