Roma antigua

Arcos, bóvedas y cúpulas de hormigón y ladrillo: ingeniería al servicio de un imperio.

Los romanos adoptaron el lenguaje formal de los griegos, pero introdujeron el arco de medio punto, la bóveda y el hormigón. Así lograron grandes espacios interiores: termas, basílicas, anfiteatros y la cúpula del Panteón. Las columnas se convirtieron a menudo en decoración delante de muros y arcos portantes.

La fuerza de los romanos residía en la organización y la técnica. Desarrollaron un hormigón de cal, ceniza volcánica (puzolana) y piedra que podía verterse e incluso fraguar bajo el agua. Con él construyeron bóvedas y cúpulas a una escala que nadie superó hasta el siglo XIX. La arquitectura era un instrumento del imperio: los mismos foros, termas y teatros en cada ciudad de provincia hacían que Roma estuviera presente en todas partes.